Un lazo familiar que une pasado y presente

El 23 de abril de 1994 Gimnasia logró ganar en las seis categorías en el clásico de Juveniles. Julio Rodríguez participó en esa jornada y tiene a su hijo, Rodrigo, jugando en la Octava División del Lobo.
 
El clásico entre Estudiantes y Gimnasia es un partido especial para la ciudad de La Plata. En las Juveniles del Lobo y el Pincha, es el primer encuentro que los chicos disparan sus ojos en el fixture. Hace 24 años, el conjunto albiazul ganó en todas las categorías, desde Cuarta a Novena. La noticia fue difundida a las redes sociales por la subcomisión de cultura y museo del mismo club. Julio Rodríguez fue uno de los que obtuvieron la victoria en el enfrentamiento de Octava y así lo relata:
 
“Jugábamos de visitante en 1 y 57. Mi posición era el de marcador de punta izquierdo. A los 25 minutos del primer tiempo nos pusimos arriba con el gol del Tanque Colman, un chico que jugaba adelante. Terminé expulsado por doble amarilla (risas). Luego nos enteramos que las divisiones grandes habían ganado y fue lindo. Una alegría enorme”.
 
En ese momento, la victoria sumaba dos puntos. Gimnasia logró en total 12 con las seis victorias. El equipo de la categoría 79 lo conformaban Nicolás Berza; Javier Olivetto, Claudio Páez, José Tempel y Julio Rodríguez; Leandro Aguirre, Jorge Reguera,  Sebastián Villarreal y Gastón Carmona; Óscar Colman y Federico Molinari. Entre sus filas también estaba Juan José Romero, entrenador de arqueros de Guillermo Barros Schelotto.
 
De tal palo…
 
Rodrigo Rodríguez es el hijo de Julio y debe su nombre al Potro, el cuartetero cordobés. Tiene 15 años y milita en la Octava actual del Lobo. Juega de lateral como lo hacía su padre. Hace un año y medio le detectaron diabetes tipo 1. Debe cuidar su alimentación y su peso, pero de ninguna manera es impedimento para desarrollar su actividad futbolística.
 
“Fue un golpe muy duro. Se le hizo muy difícil al principio, pero hoy está muy bien. Entrena mucho y se cuida muchísimo. Está afianzado en la categoría y más allá de que sea el padre, lo veo con proyección”, relata Rodríguez padre. Lo aconseja para mejorar en la posición. Quiere que no cometa los errores que alguna vez cometió en cancha. Le ve condiciones y lo sigue a todos lados, aún cuando las categorías menores viajen varios kilómetros.
 
Ver más de la historia de Rodrigo acá: "No es diferente ni especial, me siento a la par de los chicos"
 
El fútbol transmite valores que son importantísimos para la vida social de una persona. Y cuando eso integra a la familia, es un combo más que saludable. El orgullo más lindo de un padre es compartir con su hijo el amor hacia un club. “Es lindo verlo con esta camiseta que uno ama y deseo que le vaya bien a él como a la categoría”, comenta el hombre que participó de esa jornada histórica del Tripero.
 
 

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