Mauro Amato: un letrista sensible en la cultura del descarte

Martín Gaimaro es cabeza del grupo que juega el torneo de AFA. Amato, a su vez, comanda a los que buscan ganarse el puesto y compiten en paralelo en la Liga metropolitana. Foto: http://mauroamatodt.blogspot.com/

Martín Gaimaro es cabeza del grupo que juega el torneo de AFA. Amato, a su vez, comanda a los que buscan ganarse el puesto y compiten en paralelo en la Liga metropolitana. Foto: http://mauroamatodt.blogspot.com/

Es un referente para los juveniles por la carrera que hizo, porque rompe con el imaginario del "futbolista apolítico"; y es disruptivo como formador por cómo pone en juego su sensibilidad. Como Fito Paez, "va a ofrecer su corazón" todo el tiempo. Amato surgió de las cantera de Estudiantes. “Mi formación se basa en las carencias que tuve, nunca un abrazo, un choque de manos, una sonrisa. Hago todo lo contrario”. Se fue libre del club a los 23 años. Convirtió más de 80 goles entre la Primera y las napas del ascenso. En 2012 regresó para comenzar su experiencia como entrenador. Es el ayudante de campo de Martín Gaimaro en la categoría 2005 (Octava división). “¿Por qué no poder tratar a los chicos como hijos? Si le tengo que poner límites, le pongo límites. Si tengo que hablar de respeto, hablo de respeto. Si hay que hablar de la vida, hablo de la vida. Si yo los quiero, los quiero”.
 
Cuando no estábamos con él, nos mirábamos y decíamos: “a Mauro le chupa un huevo, está en un cumple”.
Marcos Obregón tiene 17 y quedó libre el año pasado, en Séptima división. Gaimaro y Amato le comunicaron la noticia.
Después te dabas cuenta que no, él nunca fue por el lado de los resultados. Tenía otra mirada. En los partidos, estábamos en el banco, medio tensos y él siempre tiraba algo para que no esté todo tenso. Y nosotros nos mirábamos y decíamos: “no puede ser este chabón, otro técnico nos puede estar matando y éste está a la par nuestra, se caga de risa”.
Fue el primero al que llamaron. Gaimaro, cuando se lo confirmó, tenía lágrimas en los ojos. Amato no lo podía mirar.
Por un lado me sentía mal. Pero de verdad era tanto lo agradecido que estaba a ellos, que no tenía nada de enojo. Mauro se abrió conmigo. Me habló de mi solidaridad, de mi compromiso. El último año fui comodín, me ponían donde faltaba alguno. Yo nunca me quejé cuando tenía que jugar y me lo destacó. Está bueno eso, hay cosas que vos necesitas que alguien te las diga y todos no te lo van a decir.
Obregón es de General Belgrano (a 120 kilómetros de La Plata). Vivió en la pensión de la institución hasta que en 2018 se la sacaron. Alquiló un departamento, cerca del Country Club de City Bell, junto a sus compañeros de la 2003, Francisco Ortigosa –de Mar Del Plata- y Lautaro Sosa –de Adolfo González Chávez. Cuenta que “Mauro caía a la pensión con la guitarra y la armónica. Comía con nosotros. Después de la cena se quedaba tocando canciones, jugando al truco hasta las 12 de la noche, y él vive re lejos”.
 
Juan Branz, ex futbolista y doctor en Comunicación (autor del libro ‘Machos de verdad’, sobre una investigación académica en tres clubes de rugby de La Plata), dio un curso de género por zoom para los planteles de Quinta, Octava y Novena división. Con Amato –cuando estaba en Pre Novena- ya habían organizado un charla en 2017, sobre la ESI y los cuidados del cuerpo, a raíz de los casos de abuso a jugadores de las inferiores de Independiente. Branz considera que Mauro se permite trabajar en otro ritmo y en otro tiempo. “El tiempo de lo reflexivo”. Y describe en detalle. “Cómo habla ya es diferente. La tonalidad, la pausa, el sonido de su voz. Eso tiene que ver con otra idea de líder, no el líder verticalista y con cierta prepotencia, avasallamiento”. Andrés López, preparador físico de la 2005 y profesor en el colegio secundario del club, dice que “hay mucha amorosidad en la manera de transmitir”, y que eso genera cercanía y un clima afectivo y armonioso. Cuenta, también, que, implícitamente, en el cuerpo técnico, “es uno de los que se encarga de dialogar mano a mano con aquellos chicos que observamos que necesitan algún abordaje además del psicólogo”.
 
“Si me preguntas cuál es mi objetivo” dice Mauro, “mi objetivo es formar una generación. Es en esta nueva generación que tiene que haber cambios. Porque ellos van a ser agentes multiplicadores de lo que nosotros les damos en el club como formadores. Yo soy consciente de que tengo un rol fundamental en sus vidas. Hay veces que se abren más a hablar conmigo que con los padres”. Branz explica que Amato viene pensando la cuestión de “lo que denominamos masculinidad dominante”. Que su gran desafío es cómo traducirlo en un grupo de cuarenta chicos de catorce años. “Cómo hacer que esos espacios sean transformadores en términos de género, de vulnerabilidades, de lo que te imponen”. Agrega también que ese tipo de espacios, no los habilita por corrección política, los habilita y se expone “porque él mismo se está desarmando de ciertos patrones culturales que él también se forjó, se fue construyendo, en lo que podíamos denominar una cultura machista, totalmente profunda, como la que se construye en el mundo del fútbol”.
 
Andrés López participó, junto a otros docentes del Secundario, en “Estudiantes por la identidad”, una iniciativa de la institución en el marco de proyectos sobre la última dictadura cívico militar. López dice que pensaron en Amato para exponer en el aula su relación con la dictadura: “el objetivo era salirnos de ese imaginario de los futbolistas como sujetos apolíticos. Es algo que él ha rescatado varias veces, es esta idea del compromiso y la consciencia social. Mauro, en este sentido, nos mostraba, como ejemplo concreto, la eficacia que tiene, a veces, un mensaje en un festejo de gol”. Ese gol fue en la noche tucumana del 7 de octubre de 1999. “Aguanten las madres”, acompañado de cuatro pañuelos blancos, decía la remera negra que dejó ver Amato tras levantar la camiseta de Atlético Tucumán en el festejo del 3 a 1 ante Godoy Cruz. El periodista Roberto Parrottino explicó en Tiempo Argentino: “A Antonio Domingo Bussi, entonces gobernador de la provincia, lo habían denunciado horas antes por asesinar a garrotazos a dos personas en un campo de concentración durante la represión ilegal llamada Operativo Independencia entre 1975 y 1976. La Gaceta, el diario más leído de Tucumán, decidió no publicar la foto del festejo”.
 
El Eslabón (Rosario) publicó que, Amato, en su paso por Instituto (2000/1), organizó una colecta para que los internos de la Unidad Penal de San Martín tuvieran un aula donde estudiar. Allí, en Córdoba, se acercó a la agrupación HIJOS (Hijos e Hijas por la Identidad y Justicia contra el Olvido y el Silencio”. Según el portal Centrofóbal, en La Gloria, Amato solía llevar un grabador –a escondidas- a las charlas técnicas de su entrenador, Gerardo ‘Tata’ Martino, para no perderse detalle alguno. Ya retirado del fútbol profesional, Amato  anunció en una entrevista con Día a Día (Córdoba): “Voy a hacer hincapié en algo que tuve con Martino. Voy a ser un técnico que apuntará a lo humano (...) De mi experiencia, la psicología en el plantel ayuda mucho. El tema es ser honesto, generar confianza en el jugador”.
 
 
Un juvenil de la cantera de Estudiantes se sincera en una llamada de WhatsApp: “Yo le cuento mis problemas, lo que pasa en mi casa con mi familia. Él me da consejos. Estaba peleado con mi papá y recuperé la relación ahora, en la cuarentena. Él me ayudo a cómo pensar las cosas y a verlas de diferente manera. Yo pude recuperar la relación con mi papá gracias a Mauro y a Pablo Lugüercio”–ex jugador del club, integrante del área Socio deportiva.
 
Juan Branz cree que Amato es la excepción, el famoso “uno de diez”. Por “cómo pone en juego su sensibilidad, lo cual ayuda a los procesos pedagógicos”. Martín Gaimaro percibe que tiene “un don o una forma de ser que hace que los chicos también se abran de una manera especial hacia él”. Branz agrega que, Mauro, como Fito Paez, ‘va a ofrecer su corazón’ todo el tiempo. “Cuando detecto que hay algún tipo de trastorno, que no es para charlarlo de técnico a jugador, ahí ya hablo con el psicólogo. A un chico se le hacían largos y tristes los días. Ya lo noto, lo capto, ahí hay algo. Entonces, te dan una información, y la información te la dan cuando estás mano a mano”, dice Amato. Uno de los psicólogos en juveniles, Martín Wior, señala que la generosidad del ex delantero es un apoyo para los jugadores e incluso para los propios profesionales: “imaginate que los psicólogos y la psicólogas en el fútbol siempre fue como algo medio mirado de reojo”. Uno de cada 100 futbolistas que empiezan en Novena división –donde compiten los más chicos de las juveniles- llegan a debutar en Primera. Wior sostiene que la apuesta del club, con las herramientas que utiliza -colegio secundario, instituto terciario-, no está solo en el “pibe que va a triunfar”. El departamento Socio Deportivo es el encargado de observar y acompañar a los futbolistas desde Infantiles hasta el plantel profesional. Está compuesto por ocho integrantes. De manera interdisciplinaria convergen cuatro psicólogos, dos trabajadores sociales, un coach y un asesor deportivo. Wior agrega que la visión de trabajo no tiene que ver con el jugador como mercancía, “tiene que ver con revalorizar al pibe, porque también no hay que dejar de ver que es un proceso de aprendizaje lo que están atravesando ellos, más allá de ‘vivir un sueño’ y de todo lo que se pueda romantizar alrededor”.
 
En los primeros vínculos como entrenador de Infantiles, Amato obsequiaba un libro a cada dirigido que cumplía años. “Cuando vos lees, hay una apertura de mente y de sensaciones que eso te va haciendo a lo que sos como persona. Me di cuenta que la literatura me ayudó a entablar las conversaciones que tengo con los chicos”. Lautaro Lovazzano, mediocampista, categoría 2001, cuenta que en Pre Novena, antes de jugar con Argentinos Juniors –de los bravos de la división, los había goleado el año anterior-, Mauro “escribió un cuento para nosotros. Estaba bueno porque ningún técnico había hecho eso”. Bautista Kociubinski, integrante de aquel equipo, aporta más precisiones: “Era para motivarnos. Hablaba de que cada uno tenía un rol importante y por eso el equipo era lo que era. Me acuerdo que se emocionó, terminó de leer llorando”. Kociubinski, volante mixto, es uno de los promovidos pandemials. Llegó al club con cinco años y Leandro Desábato –actual entrenador- lo sumó a las prácticas en grupos reducidos con la Primera división (junto a Romero, Piñeiro, Squadrone, Obregón y Di Pizio). Amato reflexiona sobre el componente identitario: “esa mística, de la que tanto se habla en Estudiantes, la forman los chicos desde Infantiles. Porque vos te vas formando en todo esto y cuando llegas a Primera tenés un bagaje de información, de sentir, de lo que promueve el club. Los chicos que juegan en inferiores también la hacen, no es que la mística la crearon solamente los que ganaron el campeonato. Hay una percepción, es difícil de explicarlo. ‘Vas a tener que jugar, meter, tirarte al piso’. Esa es la ideología del club. Pero no hacer exacerbación, ‘vamos a ir a la guerra, a pisarlos, y con esa violencia. ¡No, pará!, no es tanto”’.
 
Obregón fue el único de los tres que quedó libre. A pesar de eso, mantuvo la convivencia con sus ex compañeros -hasta el inicio de la Cuarentena-. Ortigosa, que ahora juega para la Sexta división, recuerda el ritual de las charlas minutos antes de entrar a la cancha. Ni arenga ni pizarrón. La primera vez que lo vivió fue en un clásico. “El chabón dio la formación, puso una música y se puso a hablar de la vida. Cero fútbol. Y salís con otra mentalidad: ‘pah, ¿viste lo que me dijo?’, te pones a reflexionar. Era llegar al domingo para esperar la charla de Mauro”. A 20 años de aquel delantero que por admiración y pudor escondía el grabador, Nehuen Benedetti, que es 2005, recuerda la previa de un partido en un torneo de Ayacucho, en Pre Novena: "era toda filosofía. Escribía cosas en un papel. Con tips. Son re interesantes, en serio. Se los pedí todos, porque me asombró y no tenía celular a mano. Nunca había tenido un técnico que en las charlas hable de la vida. Habló del control de las emociones. Mirá, estas son las frases que nos tiraba ¿anotas?...”
Obregón dice que a mediados de marzo habían organizado para juntarse un domingo con Mauro y el anterior jueves, a la noche, llegó el anuncio del confinamiento. La idea era repetir lo de los viejos tiempos: “nos juntábamos a cenar en casa y hablábamos de todo menos de fútbol. Para nosotros era una locura. Es una persona reflexiva, que da lugar. Desde la perspectiva del jugador, casi nunca sabes más de lo que muestra el técnico, de la vida privada. Hay como dos posiciones marcadas: ‘Yo soy tu técnico y vos el jugador y hasta ahí’. Mauro no. Se bajaba de la posición de técnico formador a más a la par”. Y Juan Branz plantea: “¿Por qué los pibes lo quieren tanto? ¿Por qué lo queremos tanto? Porque subvierte un orden y lo hace de verdad, cuando vos estás esperando una respuesta él te hace una pregunta que te mejora muchísimo más que en la posibilidad que te den una respuesta. O los silencios, o los abrazos. Mauro repone la idea de una amalgama grupal, entonces va a contrapelo. Quienes han entrenado con Mauro, y hablo de los pibes, de alguna manera, siempre se van a acordar de ese año que les tocó”.

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