Mamut: "Mis sueños son llegar a Primera y ayudar a mi familia"

Foto: Julián Martínez.

Foto: Julián Martínez.

Desde WOS hasta Nacho Fernández. De su acercamiento al boxeo hasta su presente en la Reserva de Leandro Martini y Mariano Messera. Inferiores Platenses dialogó con Leandro Mamut, juvenil categoría 2003, una de las promesas de la cantera Mens Sana.
 
Leandro Mamut nació el 31 de diciembre a las una de la tarde. Su vida comenzó esquivando el año 2004 y llevándose la pelota con elegancia. Él integra una familia de ocho hermanos -tres de ellos por parte del padre- y su lugar de pertenencia es el barrio Islas Malvinas, con una infancia donde el mango escaseaba y llegar a fin de mes era una tarea difícil.
 
Mientras que su familia se colgaba los guantes y se subía a un ring, él eligió los botines y la pelota de fútbol. “Toda mi familia hacía boxeo. Mi mamá, mi abuelo, mi tía y mi tío que falleció hace allá tiempo. Mi vieja me llevaba de chico porque ella me veía que iba a ser boxeador, desde los tres o cuatro (años). A mí no me llamaba la atención, ella me ponía los guantes y yo me los sacaba, me iba”, comenta.
 
Sus inicios con el esférico fueron primero a los cuatro años en el Club Las Malvinas y luego en la Asociación Deportiva Anunciación de Fútbol Infantil (ADAFI). A este último llegó en el 2013 y jugó hasta 2016. Allí salieron campeones de la categoría. “Tengo amigos viviendo ahí cerca, de vez en cuando nos juntamos algún fin de semana”, expresa.
 
Arribó a Gimnasia en 2017: “Me llevó el DT de ADAFI a entrenar, recuerdo que fue un jueves. Yo no estaba ni enterado que tenía que ir. Creo que habló con mi mamá pero ella no me contó, fue todo de sorpresa. Él apareció a la tarde y me llevó. Era el primer entrenamiento y estaba re nervioso”, cuenta. Entre los padres ya circulaba la noticia de que venía el “10 de ADAFI”.
 
De un día para el otro, se encontraba con un plantel de treinta compañeros y jugando en cancha de once, cuando él lo hacía en cancha de siete. “Las dos primeras semanas me costaron, no hablaba con casi nadie, por ahí conocía a alguno pero como rivales. De a poco me fui adaptando”.
 
De a poco se integró al grupo. Rodrigo Rodríguez, lateral derecho de la división, fue fundamental en ese proceso. En esencia significó su primera conexión en su llegada al Lobo. “Cuando fue mi primer entrenamiento me acuerdo de Rodrigo, me empecé a juntar con él, me empezó a hablar, ahí pegamos amistad”. Anteriormente, el destino los había enfrentado en infantiles cuando Leandro jugaba en ADAFI y Rodrigo en el Club Ateneo.
 
Arrancó en la Novena División que continúa bajo la dirección de Andrés Ramos. La categoría 2003 es un equipo que contiene buenos proyectos de jugadores. Desde los que siguen desde Infantiles como Lautaro Pesado, Augusto Brizuela, Martiniano Irribarría, Mateo Cardozo o Ivo Mammini; hasta los que arribaron más tarde como Alan Chacón o Ignacio Miramón.
 
Es un colectivo que posee un buen entendimiento en cancha producto de tantos partidos y entrenamientos compartidos. Esto potencia a las individualidades y las hace funcionar mejor: “Ahora me entiendo bien con Rodrigo (Rodríguez), con Nacho (Miramón), con Mendo (Alan Chacon), todos de buen pie. Con Ivo ya venimos jugamos muchos partidos y nos entendemos muy bien”.
 
En su división, el volante ofensivo usa la número diez y la cinta de capitán. Pablo Romero fue quien se la otorgó en Octava justo para un clásico. Sus características de juego son las de un enganche clásico. Una capacidad enorme para atar la pelota a sus pies, engañar al defensor con movimientos sutiles, un disparo de derecha que busca el gol con una colocación precisa, y esa vista para encontrar los huecos para mandar pases filtrados. Entre sus jugadores a seguir están Ignacio Fernández y Eden Hazard. Un ídolo: su viejo.
 
Sus buenos rendimientos llamaron la atención de los técnicos de la Reserva. Mientras que Leandro asistía y hacía jugar al equipo, Mammini se encargaba de meter la pelota a la red. De esta manera describe cómo recibieron la noticia de la subida al selectivo albiazul:
 
“Había sido un lunes. Nos juntó a todos el técnico (Rodrigo Roselli) en el vestuario para hablar del partido que habíamos jugado. En ese momento nos llamó a Ivo y a mí para decirnos que teníamos que ir al vestuario de Reserva. No lo esperábamos ninguno de los dos. Fue algo bueno, re lindo. También estamos un poquito nerviosos. Ahora que estamos juntos, vamos a mandarle para adelante”.
 
Martini y Messera fueron claros con ellos: que disfruten esta nueva etapa y aprovechen la oportunidad. Leandro debutó ante San Lorenzo en Estancia Chica, un partido que se perdió por 0-4. Ingresó a los 26 minutos del segundo tiempo por Juan Cataldi. “Entré en un partido muy intenso, y me dijeron que no tenía que demostrar, que intente hacer jugar al equipo, meter pases filtrados, trate de gambetear y darle al arco”. A su vez, estableció las diferencias entre lo que es juveniles y el paso superior: “Es otro juego, otra intensidad, otro ritmo. Tenés que jugar mucho más rápido. Dos, tres toques o te comen”.
 
La procesión va por dentro y Leandro lo comunica de esa manera, con tranquilidad. Siente unas ganas tremendas de sumar minutos en Reserva, pero sabe que eso será de a poco. Sus dos sueños, dice, son “llegar a Primera y ayudar a mi familia”. Cuando la voz del Juan Carmelo Zerillo anuncie su nombre por el altavoz, sus pensamientos se enfocarán en una dirección: “en toda la gente que estuvo conmigo, todos los que me ayudaron, mi familia, mi papá”.
 
El 11 de marzo de 2014 su padre falleció en un accidente de moto. A partir de ese momento, su mamá ejerció la tarea de cuidar de sus cinco hijos y apoyarlos en cada una de sus decisiones. Otras personas también pusieron su hombro para paliar esa situación de vulnerabilidad.
 
Uno de ellos fue Luis Alberto Roselli, ex jugador de Gimnasia allá por los ochenta, a quienes apodaban el Conejo. En una entrevista con este medio, recordó que junto a su hijo Rodrigo le entregaban alimentos y ropa a su familia. Leandro le tiene mucha estima: “Nunca lo vi jugar, pero de chico me estuvo ayudando, incluso hasta ahora hablamos, es una persona excelente. Me ayudó un montón de veces con cosas para la casa. Tanto yo como mi familia estamos agradecidos por la mano que nos dieron”.
 
Ahora Rodrigo es su técnico de Séptima División y fue quien le dio a conocer la noticia de que sería convocado a Reserva. “(Roselli) me gusta como técnico, sabe un montón, siempre me aconseja. Es re buena onda, nos hace sentir libres de que opinemos, siempre nos pregunta. En cada decisión nos dice que si alguno del grupo tiene una opinión, es libre de hacerla”, expresa.
 
Otra de las personas que acompaña su desarrollo es Julio Rodríguez, papá de su primer amigo de división. Más de una vez por semana Leandro los visita a su departamento para compartir las tardes. Julio realizó las tratativas para conseguirle un contrato con Nike y a Hernán Cerdán, quien representa a jugadores como Pepo De La Vega, jugador promesa de Lanús.
 
“Yo no soy su viejo, pero yo siempre le doy a dar lo mejor para su vida y para su carrera. Es como el tercer hijo que nunca tuve”, dice Julio, quien jugó en las juveniles del Mens Sana. Esa experiencia lo marcó y actualmente habla con muchos chicos de la institución para que no decaigan en sus sueños, brindarles ese apoyo emocional y si hace falta aportar materiales para cubrir sus necesidades básicas.
 
La entrevista termina y Leandro baja las tensiones. Es de pocas palabras ante el mic. El sitio es el verde césped. Ahí se desenvuelve como Wos en las batallas de Freestyle. Allí es el lugar donde su flow vuela alto, con la pelota entre sus pies. Al otro día de la entrevista, la Reserva entrenará con la Primera y él conocerá a Diego Armando Maradona.
 
La base está
 
Durante los viajes de visitante, el colectivo de las categorías menores se transforma en un escenario de batallas de Freestyle. Cada división coloca a sus dos mejores rapeadores para pelear en un formato dos contra dos. Mamut se encarga de hacer la base de esos torneos, es decir, pone el ritmo con sonidos salidos de su boca. Esas batallas se reproducen en los directos de Instagram y son furor. A Leandro le encanta el estilo de Wos, pero como se retiró por un tiempo de las batallas, también sigue a Trueno y a DToke. En el FIFA, le gusta jugar con el Liverpool de Klopp.
 
 

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