La fe de Jeremías Leiba

“Dios me cambió la vida”, dice Jeremías Leiba. Nos adentramos en la historia del lateral izquierdo de la Sexta del Lobo, quien se congrega y toca la batería en una iglesia de Altos de San Lorenzo.
 
Lo apodan el “Tractor”, por ir siempre para adelante. Jeremías Leiba es un chico categoría 2002 que se destaca por subir al ataque desde su posición y aprovechar su portento físico para ganar en el mano a mano. No por casualidad su superhéroe favorito es Hulk el increíble. Le hubiese encantado ver a Roberto Carlos en vivo: “Lo sigo por videos de Youtube, las jugadas que hizo. Me gusta porque atacaba mucho, era un delantero más. Otro es Marcelo porque tiene mucha clase para jugar. Juega muy tranquilo y es un excelente jugador”. Dice que practica los tiros libres a su estilo, con el empeine. Entre risas desliza que la fuerza está, pero falta la puntería.  
 
“Nací en Villa Guillermina y a los dos meses vine para La Plata. Regresé a los cuatro años. Después volví a La Plata a los seis o siete años. Ahora estaba por ir con mi papá porque mi abuela está enferma pero no pude”, expresa el integrante de una familia de cincuenta primos. Villa Guillermina es un pueblo de 5 mil habitantes al norte de la provincia de Santa Fe, cerca de los límites con Chaco. Lugar donde la siesta se respeta a rajatabla, las noches se prestan para tomar tereré y el silencio es sólo interrumpido por las chicharras escondidas en los árboles. Un chamamé con letra y música de Ricardo Visconti Vallejos y Gregorio Molina la describe de la siguiente forma: “Despertaba la mañana el trinar de pajaritos, el arroyo Los Amores fue testigo de mi adiós”.
 
Su casa se encuentra en el barrio Altos de San Lorenzo, ubicado en la periferia de la ciudad de La Plata. Sus comienzos en el fútbol ocurrieron en Deportivo Fletes, club que se encuentra cerca del cementerio. Un día de 2014 jugó un amistoso contra Gimnasia y sin saberlo, su rendimiento en ese partido –que ganó el Lobo por 2 a 0– sería visto con buenos ojos por un representante.
 
“Él fue a ver a los jugadores de Gimnasia y yo en ese partido me destaqué. Al arquero lo llené de pelotazos. Yo no tenía en mente que me vean. Jugaba de volante por izquierda, casi delantero. Cuando terminó el partido me habló y me dijo que sabía usar bien el cuerpo, tenía buena pegada, buenos movimientos. Me llevó a Gimnasia, estuve cuatro días a prueba y quedé. En el Lobo empecé a jugar de extremo por izquierda en Pre Novena con Andrés Ramos y Felipe De Sagastizabal. Metí como quince goles en el torneo”, comenta. Esa delantera se componía de Tomás Muro y Álex Aramallo.
 
Alberto Banfi, hoy director técnico de la Octava División, fue quien le vio condiciones para jugar de lateral izquierdo. Poseía condiciones de carrilero: costumbre de atacar y ayudar al extremo llegando de atrás, resistencia para hacer ese recorrido por la banda y buena marca. Así fue que en 2015 empezó a jugar de tres en Novena. Matías Melluso es un espejo a mirar en lo que respecta a jugadores de las juveniles Mens Sana.
 
“Los primeros días les hablaba a todos, yo soy mandado como te dije, no tenía problemas. Siempre perfil bajo. Arrancamos con un reducido, me marcó Brian Cóceres y me fue bastante bien. Pegué amistad con Nazareno Palavecino que juega en mi posición. Él me empezó a hablar”. Jeremías se describe a sí mismo como un chico que no tiene vergüenza para nada. Entre risas agrega que a veces se arrepiente de actuar así. Sin embargo, eso le favoreció para adaptarse a las demandas del fútbol infanto-juvenil.
 
Su mejor año fue en la Octava División de Jorge San Esteban. Este 2019 que finaliza considera que no fue el mejor. Así lo evalúa: “Para mí fue un año perdido. Tuve unos problemas familiares y por ahí me bajó mucho eso, bajé el rendimiento. Aumenté de peso y fue más psicológico que otra cosa. Lo charlé mucho con el preparador físico. Este año jugué un solo partido contra Lanús, perdimos 0-1, donde había mejorado con el peso y estaba bien. De eso se aprende. Mejor que me pase a esta edad que cuando sea, si Dios permite, profesional”.
 
Cuando nombra a Dios extiende su dedo índice hacia el cielo. Desliza una sonrisa, como si la mera mención le cambiara el semblante. Desde 2017 asiste a una iglesia cristiana en su barrio gracias a un consejo de un compañero de colegio. Menciona a Franco Armani que es creyente y que lo veía por el barrio porque andaba de novio con una chica de allí. Establece las diferencias entre ir a un edificio de cuatro paredes y otra cosa distinta que es seguir la palabra de Dios como estilo de vida. Cada día y noche se arrodilla y da las gracias a Dios por su familia.
 
“Me cambió la vida. Cuando vine para acá, andaba en cualquiera. Mi barrio es muy humilde y hay mucha gente necesitada. Allí me di cuenta que Dios existe y me sacó de muchas cosas. Por ahí en la semana muchas veces uno se siente solo por el desgaste de la semana, que arrastramos las cargas por esto o por lo otro, en la semana sentís un peso o un vacío. Cuando abrís tu corazón a Dios es algo que no se puede explicar. Te quita las cargas, te sentís feliz”, expresa.
 
Sus padres le pusieron un nombre que proviene de un personaje bíblico, el profeta llorón. Cuenta la historia que Dios le encargó a Jeremías la tarea de alertar al pueblo de Israel sobre sus comportamientos pecaminosos. Los israelitas no lo escuchaban. Eso le generaba una tristeza enorme por predicar la palabra y no generar nada en su pueblo, además de saber el castigo que ellos recibirían. En la competencia del fútbol juvenil suceden casos donde el chico se bajonea y no alcanza su rendimiento. Leiba encontró en Dios esa fe para seguir intentándolo.
 
“Hay uno en la 2001 que es Axel Pérez. Él cree en Dios. Yo les hablo a los chicos. A Justo Sosa también lo invité. A Rodrigo Rodríguez en cualquier momento lo voy a invitar también”, dice. Además del fútbol, es baterista. Todos los viernes ensaya y los domingos da rienda suelta a su hobby en la iglesia. “Una vez fui a un campamento de la Iglesia y yo miraba como tocaban. Un día estaba la batería sola y empecé a marcar el ritmo, me gustó y hoy estoy tocando”.
 
La canción que Jeremías sugiere para escuchar esta entrevista es “Lo harás otra vez”, de Marcos Brunet. No cesan sus ganas de en un futuro vivir jugando a la pelota. El próximo partido que juegue agradecerá como lo ha venido haciendo estos dos años: “Levanto mis manos, cierro mis ojos y le doy la gloria a Dios”.
 

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