Iñaki Ludueña: el arquero que debutó en la en Reserva Pincha y busca la calma en el golf

Ludueña en acción ante Newell's, en su debut oficial.

Ludueña en acción ante Newell's, en su debut oficial.

Con sus ciento noventa y dos centímetros de altura, el golero categoría 2000 explica cómo le gusta atajar, qué hace lejos de su ciudad y su familia de origen, y cómo equilibra el fútbol con la tranquilidad mediante el golf.
 
Aquel 27 de julio, en el predio ‘Jorge Bernardo Griffa’ que Newell’s posee en Bella VIsta, Iñaki se calzó los guantes en la victoria 3-1, a partir de la convocatoria que le hizo Pablo Quatrocchi por méritos propios y la imposibilidad de otros guardametas (Pourtau lesionado en la rodilla y Zozaya afectado por covid-19): “Es una oportunidad que espero hace ocho años. Más allá de la desgracia de los compañeros, se abrieron las puertas. Con el correr de los partidos, la confianza aumenta, me sentí cómodo, seguro y muy contento”, sentenció. Allí fue cuando recordó a quienes lo ayudaron: “Siempre viene la familia a la cabeza porque se van cumpliendo los objetivos y son parte de eso con el esfuerzo que vienen haciendo. Lo tomé con tranquilidad, sentía que estaba preparado. Y los compañeros y el cuerpo técnico te dan siempre la confianza y la tranquilidad”.
 
La noticia de que iba a atajar como titular fue dada por los entrenadores de arqueros Marcelo Salinas e Ignacio Latorre, quienes le indicaron “tranquilidad, ser uno mismo, no inventar cosas raras, que implemente todo lo que aprendí y que no no había nada que perder. También los técnicos te dan las herramientas para que a la hora del partido sepas qué hacer”.
 
El guardameta describió sus cualidades salientes: “Me gusta jugar adelantado, salir a cortar fuera del área, cubrir la espada de los centrales y no esperar que el delantero llegue al área”.
 
Con tres años entrenando en Reserva y a veces con Primera, el ‘Negro’ reconoció a Mariano Andújar: “Me parece un gran arquero. Con la edad que tiene, entrena a la par de nosotros, no regala nada. Entrenar con un arquero de esa trayectoria, me pone muy contento. Por momentos uno no se da cuenta de la dimensión, pero está bueno subir y que te corrija constantemente las cosas”. Con el Plantel Superior trabajando bajo las órdenes de Leandro  Cortizo, consideró a Zielinski como “muy tranquilo, muy serio, un tipo muy muy simple, de pocas palabras, pero buen entendedor”.
 
El oriundo de Miramar rememoró cuando a corta edad jugaba como centrodelantero: “Jugaba arriba… todos goles de cabeza. Después fui al arco, no me gustaba correr”. Ya en el arco, desde Sudamérica de aquella ciudad vino al León: “Llegué a los trece años en Pre-Novena: vine a probar y quedé. Al principio, tenía un familiar, luego estuve un tiempo corto en la pensión y me largué a vivir solo hace cuatro años”.
 
También tiene momentos también para depejarse y jugar golf: “En Miramar, desde pibe y, más que nada, en las vacaciones. Juego libre con algún que otro amigo que sepa, para despejar y cambiar un poco el aire del fútbol y todo ese ámbito. Está bueno porque el fútbol hoy en día es mucho alboroto, demasiado. Entonces uno cambia un poquito ese aire y va, camina. La tranquilidad que hay ahí es muy buena”.
 
Respecto a la instrucción formal, Iñaki reconoce que le costó: “Siempre fui vago, encima terminé la escuela tarde de verano. Siempre quise también tener algo que no sea sólo el fútbol. Tenía planeado arrancar algún curso de barman”. Sobre el Bachillerato del Club ‘Ruben Delfor Bedogni’ exclusivo para futbolistas juveniles, calificó: “Eso está muy bueno. Muchos chicos lo pudimos terminar ahí”.
 
La representación de Estudiantes para Ludueña es clara: “Es nuestra segunda casa. Mi familia no está acá, pero vas al Club y tu familia está ahí: las cocineras, los utileros. Ese sentido de pertenencia, uno que está en el Club lo empieza a sentir: el cariño, el respeto, todos tiran para el mismo lado. Es un amor muy grande que le tengo y ojalá que el día mañana pueda devolvérselo de la mejor manera”.
 
Sus sueños no se limitan al césped: “Dentro de la cancha, ganar las mayores cosas posibles. Primero ir avanzando escalón por escalón: ahora me tocó Reserva, luego estar siempre esperando y sumando. Fuera de la cancha, quiero ser buena persona, tranquilo y poder llevarle siempre alegre a mi familia, que es lo más importante”. Así, familiero, centrado en el fútbol pero buscando paz en otras facetas de la vida, Iñaki Ludueña busca esa armonía que es tan necesaria para todos, en general, y más para los arqueros, en particular.

 

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