El pibe que conmovía a la pelota

El joven de Florencio Varela es el decimoquinto jugador de Estudiantes en ganar el

El joven de Florencio Varela es el decimoquinto jugador de Estudiantes en ganar el "Inferiores de oro".

De un parpadeo se convirtió en profesional. El adolescente, que oscila entre estadios de primera división y el secundario, se planta con humildad ante los flashes. Habla de fútbol y de su abuelo, de la selección y su familia, de los ídolos del club y de la psicóloga, los compañeros, la pensión. Como reza La Vela Puerca, fue “construyendo sin ego, con manos de obrero, refugios dónde resistir”. Darío Sarmiento ganó el “Inferiores de Oro 2019” y dio una entrevista con ciertas características que Milito espera de él: “su frescura, su libertad, su inconsciencia”.
 
Con un puñado de minutos en la máxima categoría carga el mote de “una de las grandes apariciones del fútbol argentino”. A su vez, su nombre figura en las estadísticas como el segundo jugador más joven de la historia de Estudiantes en debutar en primera. En sus dieciséis transita el año más convulsionado de su vida y parece llevarlo con naturalidad y parece lejana también, aquella tarde que el teléfono sonó mientras estudiaba en Ezeiza, luego del entrenamiento con la selección sub 17.
 
-Darío, te felicito. Vas a hacer la pretemporada en Primera.
-¿Te puedo llamar en un rato?
 
Sarmiento colgó y rompió en llanto. La noticia llegó en la voz de Pablo Quatrocchi, coordinador de las juveniles de Estudiantes. Segundos después, Darío marcó el número de su madre, aquella compañera incondicional del viaje Varela-City Bell, cuando a los seis años empezó a escribir su biografía en el club.  “Si le avisaba de una a mi viejo iba a llorar peor. Se lo dije después, y empezamos a hablar de mi abuelo”.
 
Primeros pasos en el plantel profesional
                              
En 2018 una frase resonó en su cabeza. Mauro Amato cultivó una relación especial con la joya de Varela, que no se olvidó de aquel manojo de palabras y lo llamó especialmente para agradecerle, tras campeonar con la selección juvenil a principios de febrero. Luego, Amato junto a Martín Gamairo entrenaron la categoría 2003 en Séptima División. Con Darío entre sus filas, en el primer semestre, alcanzaron el sexto puesto con 19 puntos. Tras el receso llegó la pretemporada con el equipo de Milito y los roces iniciales en algunos amistosos.
 
En la segunda parte del año Sarmiento se amoldó al rigor de Leandro Desábato“Contra Vélez, el Chavo me estaba hablando muchísimo. Estuve a punto de reaccionar. Pero pensé un poco quien es él y chau, je”. Esa mañana el Pincha igualó 1 a 1 ante el Fortín y Darío convirtió su primer gol en la divisional. Al ser sustituido se lo dedicó al entrenador: “no me gusta volver con la marca, pero voy agarrando sus herramientas”.
 
En la tercera del León disputó siete partidos. Convirtió dos goles. Ante el elenco Velezano, en el Country de City Bell y frente a Boca, en el preliminar jugado en la Bombonera, donde vencieron al Xeneize 2 a 0. Ya en la jornada siguiente, contra Patronato, comenzó a integrar un lugar en el banco de suplentes en Primera.
 
La noche del cinco de octubre
 
Los silbidos cayeron como cascada tras el pitazo de Facundo Tello. Empate sin goles ante Huracán. Cuatro puntos de los últimos dieciocho en juego. Gabriel Milito, principal apuntado, declaró en conferencia al ser consultado por el joven al que hizo debutar de manera prematura en aquel clima hostil: “Está preparado. Tiene talento, calidad. No queremos que se haga cargo de nada. Que nos de su frescura, su libertad, su inconsciencia”.
 
El ritual se había repetido. Al igual que en la previa frente a Patronato y Arsenal, el técnico lo consultó:

-¿Te tenes fe para entrar?
 
“Nadie se dio cuenta que había entrado. El partido estaba demorado y yo entré caminando, re cagado (risas)”.  Detrás del banco de los suplentes del Estadio Ciudad de La Plata, mientras Gabriel Milito masticaba las últimas indicaciones antes de lanzarlo definitivamente a la primera división, seguían la escena, atentos, los familiares de Darío Sarmiento“Cuando me llama para entrar, veo que estaban todos atrás. No los miraba, me daba vergüenza”.
 
Previo a la orden de ingreso del árbitro, el ex Independiente y Barcelona lo felicitó por haber debutado. “Me dijo que lo disfrute. Que haga lo que sé hacer. Y que iba a meter un gol, pero bueno, je”.
 
Algunas gambetas con la albiceleste
 
AbrilFrancia. No podía más. Desde el anillo central, Sarmiento movió sus índices de manera circular. Un calambre le impedía seguir en ritmo de partido. Era el segundo tiempo de la final del Mundialito de Montaingú Sub 16 y Argentina perdía ante México por 1 a 0. Román Manassero Hermes Desio hicieron caso omiso al pedido del zurdo. “Quedaba como un cagón (risas), pero no podía correr. Prefería que entre otro compañero. Fue gracias a ellos”. Luego de la decisión del cuerpo técnico, Darío marcó el empate del encuentro y ejecutó, en la tanda, el penal definitorio que consagró a la albiceleste. Era el segundo título que conseguía en cuatro meses, tras haberse coronado en el Torneo Desarrollo UEFA en Portugal.
 
“Nosotros hacíamos de sombra. Solo tenía que perseguirlo. Igual sabía que no lo iba a agarrar”. En la antesala de la Copa América, Sarmiento volvió al predio de Ezeiza para ser parte del grupo de sparrings que acompañó a la Selección en su preparación. Obnubilado por su presencia, los movimientos del joven de Varela giraron en torno al ídolo máximo. “Me puse al lado, no lo podía creer. Messi es re tranquilo. Scaloni daba la charla y él estaba en su mundo. Le hacían masajes. Como si no le importara. Pero cuando agarró la pelota se cansó de hacer goles”.
 
Como una prolongación del ejercicio, tan cerca e inalcanzable, no hubo encuentro con Lionel Andrés fuera de las canchas. “¡Historia! Tenía que rendir historia. Me quería matar. Entré a instagram y los chicos empezaron a subir fotos y yo que tenía que rendir la materia del colegio”.
 
No hay mejor lugar...
 
En 2017 se fracturó uno de sus brazos y pasó, en su primera temporada en Juveniles, medio año fuera de las canchas. Para Darío fue un proceso difícil de transitar, un cúmulo de situaciones lo llevaron a pensar en abandonar el fútbol: “tenía problemas en el colegio. Me largaba a llorar por cualquier cosa”.
 
Belén Olivera, psicóloga de la institución albirroja, fue un sostén fundamental durante las etapas adversas que afrontó Sarmiento“Tengo mucho que agradecerle. Cuando falleció mi abuelo, cuando no podía jugar, estuve a punto de dejar dos veces. Antes de hablarlo con mis viejos preferí hacerlo con ella”.
 
Pasaron los entrenamientos, el miedo a la fricción luego de la lesión y los domingos lo encontraron en el verde césped. “Volví a tener la confianza de cuando era más chico. No hay mejor lugar que el que estoy teniendo ahora”. Y en la siguiente temporada, Darío fue el máximo artillero de todas las juveniles del Pincharrata con 16 goles. Y allí, Mauro Amato le dejó una frase que quedó retumbando en su cabeza. “El 2019 va a ser tu año”.
 
Con un de los emblemas de la institución con el que mantiene un diálogo frecuente es Juan Sebastián Verón, actual presidente. No se detienen específicamente en su rendimiento, o en lo meramente futbolístico, si no sobre sus gestos más sencillos: “Me dijo que me vio creciendo como persona varias veces. Por ejemplo, saludando a la gente. Antes no lo hacía. Porque no tuve la misma educación que acá. Hoy en día se lo agradezco a todos”.
 
Sus padres viajaron a su lado hasta que fue a vivir a la pensión del club, donde hoy es un referente. Y el amor por el fútbol fue una cuestión de herencia: tres de sus tíos probaron suerte en AFA: dos en Boca y uno en Racing. Su abuelo, que llegó a jugar en el Xeneize y en el fútbol colombiano, insistía con que Darío iba a vestir la casaca de la selección: “Cada vez que se suspendía un partido, me decía que la pelota lloraba porque no jugaba yo. Por eso, cuando hable de fútbol, voy a recordarlo”.

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