Dejaron todo: Aplausos al equipo del Lomo

La Quinta División de Estudiantes interpretó la final con grandeza (Foto: Emi Cianciulli).

La Quinta División de Estudiantes interpretó la final con grandeza (Foto: Emi Cianciulli).

La Quinta de Estudiantes no consiguió el premio mayor después de caer por penales. En el campo apostó por la calidad propia e interpretó el partido con grandeza. Jugadores, familiares y formadores del club vivieron una jornada inolvidable.
 
Los que jugaban se abrazaban en la mitad del campo, el resto con pecheras naranjas miraban desde un costado. Afuera decenas de testigos dominados por la ansiedad, la tensión. Imanol cerraba los ojos y miraba al piso. Franco Romero tomaba agua como si estuviese apaciguando los nervios. Aaron con la cabeza cabizbaja y las manos en las rodillas. Franco González se tapaba la cara. Nico López miraba al horizonte sin entender. Luis Kovacic se convertía en héroe; después de rechazar un disparo de Aaron Spetale sobre el poste izquierdo, contenía otro de Mateo Palmieri contra el palo derecho. Iñaki Ludueña se mostraba convencido, y casi se convertía en héroe, aunque esa pizca de azar en los penales esta vez le correspondía al Pirata: atajaba con lucidez el remate del arquero cordobés, pero no adivinaba el lanzamiento de Colazo, ese mismo que sentenciaba la final a favor de Belgrano. Ese mismo que acababa con la ilusión.

La Quinta del Pincha no pudo consagrarse campeón. Pero el fútbol también es memoria, y jugar esta clase de partidos tiene el carácter de momento inolvidable para cada juvenil. En definitiva, el perfil del futbolista de la cantera se construye con esa interacción de cualidades técnicas y de aquellas experiencias obtenidas a lo largo del camino de formación. La de este domingo indudablemente deja una enseñanza porque pocas veces aparecen desafíos que mezclan alegría, nervios, ansiedad, sueños. Será, además, el recuerdo imborrable al que recurrirán los jugadores de esta categoría 2000 Albirroja a futuro, tal vez en alguna reunión grupal con asado de por medio.

El sábado a la tarde el equipo del Lomo Salinas arribó a Funes, denominada “El jardín de la Provincia”, a unos 20 kilómetros del centro de Rosario –copado de turistas por los Juegos Nacionales de Playa y los efectos de la cumbre del G-20 en Buenos Aires–. Varios familiares acompañaron al plantel todo el fin de semana. Otros decidieron viajar la misma madrugada del domingo. El club puso a disposición otro colectivo para que viajen entrenadores, empleados, pibes de la pensión y periodistas que cubren a las inferiores todos los sábados. A la comitiva se sumó el Brujo Manuel, invitado por uno de los jugadores. Todos con la ilusión a cuestas.

El cotejo estaba estipulado para las 8.30 de la mañana en el predio Bella Vista de Newell’s, pero se postergó a las 9 por la demora en la llegada de Belgrano. El escenario decorado por la Superliga Juvenil; un cartel en el campo decía Donde nacen las estrellas. Los pibes de la pensión clavaron banderas rojas y blancas detrás de un arco, y en el medio pusieron un trapo de fondo rojo y letras blancas que decía Sentido de pertenencia. Chacho Carvallo, de la categoría 2003, metió un sapucai de vez en cuando. La Bruja Verón de boina y con campera de Estudiantes recorrió el predio durante la previa; un poco por camaradería, otro poco, quizás, para quitarse de la cabeza que en breve su hijo Deian jugaba una final.

A las 8.59 de un día que amaneció brillante, el árbitro pitó el inicio del partido. El Pincha alineó de entrada con Ludueña; Tapia, Palmieri, Ongaro y Morelli; Verón, Ayala, Romero; Di Pizio, Vega y Spetale. En el banco esperaron Yzaurralde, Ciancio, Pérez, López, González, Hernández y Enríquez. Por una lesión quedó afuera el Chino Piñeiro, un volante clave en esta campaña. El Lomo apostó por la capacidad goleadora de un tridente ofensivo del que cualquiera de sus intérpretes podría posicionarse como referencia de área en otro equipo. Estudiantes entró concentrado, sereno y con la determinación de asumir el protagonismo. Tuvo ataques combinados desde un medio con buen pie y en otras ocasiones por intermedio de un ataque más directo para aprovechar el peso ofensivo. Iñaki Ludueña y la solidez defensiva aceitada sostuvieron el semblante del equipo en todo momento.

El encuentro no permitió parpadeos. Cada vez que Belgrano tuvo la posesión sacó a relucir el cartel de candidato y algunas llegadas pusieron en aprietos al rival. El Pincha demostró firmeza e interpretó el partido con grandeza, tanto que estuvo al borde del gol y de la victoria en varias fases del juego. Chances de Di Pizio y Verón en la primera mitad, otras de Alexis Vega, Imanol Enríquez y Franco González en la etapa complementaria. En medio de todo eso, Andrés Ayala batalló y jugó con un vendaje en la cabeza –hasta le rompieron la camiseta– como si fuese en la cancha una representación en jugador del grito “estudion, estudion…”.

El Celeste quedó con uno menos sobre el final de los 90 minutos y en el alargue Estudiantes disputó esos primeros 15 minutos con gran fútbol: dominó, respaldó los avances con la marca aguerrida y tuvo contras las cuerdas al elenco cordobés. Nico López reemplazó a Andrés Ayala para aumentar esa posesión. El equipo del Lomo presumió una superioridad que nunca terminó por concretar. La segunda etapa estuvo de más. El Pincha sintió el desgaste del primer periodo. Todo se definió en la tanda de penales.

Los jugadores de Estudiantes se juntaron en el medio del campo y levantaron los brazos para agradecer el acompañamiento de propios y ajenos. La impronta de Salinas y de todos aquellos que formaron esta categoría 2000 no sólo se exhibió en la cancha, sino también afuera de la misma; saludaron a los rivales que se acercaron, recibieron las medallas y esperaron con respeto el reconocimiento final a Belgrano antes de retornar al vestuario. La tristeza por el resultado quedó inmediatamente contrarrestada cuando los pibes se miraron a los ojos y no tenían nada para reprocharse. Dejaron todo.

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