Agustín Palavecino: de ‘Quinta a fondo’ a la Reserva

El categoría 2003 cuenta cómo cambió desde mediados de mayo, cuando Quatrocchi le comunicó que lo iba a considerar en el Selectivo: su cambio de posición, sus expectativas dentro y fuera de la cancha, donde se apasiona por la criminología
 
Había culminado la fase regular de la Copa de la Liga Profesional de Fútbol y el Pincha encaraba los cuartos de final. Pero Pablo Javier Quatrocchi con su cuerpo técnico de Reserva ya diagramaban los meses porvenir. El también Coordinador General de Juveniles fue el encargado de darle la noticia a Blas Agustín Palavencino: “Estaba por empezar la entrada en calor de un entrenamiento en Quinta. Dijo que cuando termine el torneo de Reserva, iba a acomodar el plantel y me iban a subir; que siga entrenando como lo venía haciendo y a partir del 7 de junio iba a poder estar con ellos”. Las sensaciones brotan a flor de piel cuando lo rememora: “Lo primero que tuve fue emoción porque es algo que estuve buscando hace mucho tiempo y por fin me llegó la noticia. Al pasar los días, que seguía entrenando con Quinta, tenía entusiasmo e iba a entrenar mucho más motivado que antes”.
 
En cuanto a la aclimatación al Selectivo, aseguró: “Los 2003 están bien visto como Darío (Sarmiento) y Nicolás (Palavecino). No estoy con presión, pero sí nervioso. Día a día se me van los nervios y la tranquilidad me la da el grupo. Cuando Nicolás estaba en Reserva y bajaba a jugar con en Quinta, le preguntaba cómo le estaba yendo, cómo era la intensidad y nos contaba”.
 
Agustín, otrora citado a la Selección Sub-17, vive en Gorina, muy cercano al predio de entrenamientos: “Mayormente voy a entrenar en bici y, cuando mi papá no usa el auto por tener el día libre en el trabajo, lo uso”. Berissense de nacimiento, la pasó en Atalaya y jugó en varios clubes antes de arribar al León: “Estuve en muchos clubes de barrio antes. Arranqué a jugar en el CRIM de Atalaya donde viví la mayor parte de mi niñez, después en Cambaceres cuando me mudé a Punta Lara, luego en Gorina y en Gonnet cuando me mudé acá. En 2011 mi viejo Leandro Palavecino me fue a buscar al colegio y me dijo: ‘Vamos a probarte a Estudiantes, te llevo’. Conseguimos la prueba, estuve dos semanas y quedé. Estaba Bottegal de Coordinar y el profesor era Baltazar.
 
Nadie mejor que él para recordar las distintas funciones que asumió en el rectángulo de juego: “En Estudiantes pasé por la posición de mediocampista por derecha cuando era chiquito; después un poco más arriba, de extremo. También jugué de lateral derecho, pasé por la posición de volante central. En inferiores jugué la mayor parte del tiempo como centrodelantero, donde me siento más cómodo. Ahora en Reserva estoy jugando por afuera, como extremo por derecha, pero por momentos vamos cambiando”, cuenta Palavecino, quien rota de andarivel con Vinicius Lansade, Ramón Villalba o Brian Aita. “Nos piden que colaboremos con la marca y si el lateral contrario sube, tratar de volver con él hasta donde llegue”, agregó.
 
Una década en la institución Albirroja lo ha marcado con profundidad: “Estudiantes es todo para mí. Desde chiquito que estoy y ya lo siento como una familia más”.
 
Para conocerlo más en profundidad, le pedimos que se caracterice su juego: “Ahora pienso mucho más, para mejorar tengo muchas cosas como los posicionamientos en la cancha. Ahora me toca jugar por afuera y, como hace mucho tiempo que no lo hago, me cuesta un poco recordar los movimientos y tengo que ir recuperando esas cosas. La velocidad y el remate son las características que más me fortalecen. Me gusta sacarme un hombre de encima gambeteando y rematar”, puntualizó.
 
A la hora de elegir un entrenador en juveniles, Agustín no dudó en indicar a quien tuvo como DT en Séptima, cuando el premio de Inferiores Platenses al Sarmiento (más partidos): Martín Gaimaro porque me ayudó bastante a mejorar la cabeza, más que lo futbolístico. Porque era un jugador que se enojaba mucho cuando no le salían las cosas y se fastidiaba. Después era peor cuando estaba en la cancha y no me salían las cosas. Ahora cambié mucho mi cabeza y me sirvió mucho para ser un mejor jugador”. Al respecto, bien vale recordar la entrevista en campo de la colega Rocío Ferruccio.
 
El Palavecino oriundo de Berisso eligió como socio en la cancha a su homónimo correntino, Nicolás Palavecino, hoy entrenando en Primera y con quien no guarda parentesco: “Nos entendíamos mucho dentro de la cancha, podíamos jugar mucho asociado, al ser él enganche y yo delantero, me asistía bastante”.
 
De cara al futuro, Agustín tiene claras las metas a corto plazo: “Espero ganarme un lugar en el plantel, mantenerme y sumar minutos cuando arranque el torneo”, deseó y agregó un sueño a mediano término: “Llegar a Primera y poder vivir del fútbol es lo que más me gustaría”. Y aunque apunta sus cañones al fútbol, también expresó otras inquietudes: “Estaba estudiando este año criminología en Universitas de La Plata y, por el momento, dejé. Vi muchas series y películas sobre casos, me llamaron la atención y me gusta. Cuando me enteré que acá se podía estudiar, me interesó y me anoté”.
 
Blas Agustín Palavecino es un joven de dieciocho años que recién pisa Reserva con ilusiones, pero que tiene una trayectoria importante, un aprendizaje constante a cuestas y mira el horizonte esperanzado con el fútbol, por su puesto, pero que no cierra otros caminos en la vida.

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